El ser humano es un animal social por naturaleza. Siempre me ha parecido algo curioso. La necesidad de pertenecer.

Tienes 9 años y estás sentado en la cancha de básquetbol de tu escuela. Mientras esperas solo a que la campana suene. Solo porque los niños y niñas de tu salón te ven como el bicho raro, únicamente porque te interesan los planetas y las estrellas. Entablar una conversación contigo es seguro que vas a mencionar cuántas veces la Tierra cabe en el Sol. Y es así todos los días hasta que alguien se sienta a tu lado y te dice la distancia que hay entre la Tierra y la Luna. Levantas la mirada para ver una sonrisa. Sonríes de vuelta, una amistad nace.  ¿A qué me refiero con la necesidad de pertenecer?

No me refiero a ser aceptado por los demás. Pertenecer a un grupo social no es únicamente compartir los gustos e intereses de otra persona. Ese niño de 9 años se encuentra en todos nosotros, en los gustos y hobbies de las personas. Todos, en algún punto, hemos querido compartir la emoción de algo y sentir la misma emoción por parte de alguien más. El sentimiento de formar parte de un grupo y saber que puedes ser tú, no sentirte juzgado, estar en libertad.

Muchos dirán que no es necesaria tener la aceptación de las personas. Están en lo correcto, ese niño de 9 años que estaba solo en el recreo no necesitaba la aceptación de sus compañeros, necesitaba la libertad de sentirse en casa. Eso es, para mí, el sentimiento de pertenecer a algo. Sentirse en casa, llegar después de un largo día de trabajo, quitarse las botas y simplemente ser.

Libros, videojuegos, anime, películas, colecciones de rocas, figuras, hacer cosplay, hacer arte.

Los seres humanos somos seres tan complejos que podemos tener gustos tan diferentes y “extraños”. Lo hermoso es que somos millones de personas en este mundo. A veces es difícil, pero al final encontrarás a ese grupo que puedes llamar tu hogar, ese sentimiento de pertenencia.

Es verdad que habrá días en los que sientes que no perteneces ni a esos grupos que con tanto cariño formaste. Lo importante esos días es recordar qué los une, qué comparten. No comparten únicamente el gusto de un videojuego o una pasión por escribir; comparten cariño, anécdotas y apoyo. Mi consejo es, si sientes un día que no perteneces, no estás solo, siempre hay personas dispuestas a escuchar. Las comunidades que creamos se vuelven familias y se forman lazos que rompen barreras.

Cuéntanos, ¿a qué comunidades perteneces? ¿Cuáles son tus hobbies y la familia con la que lo compartes?

Sobre El Autor

Arquitecta |Fotógrafa de día |Gamer de noche |Escritora en el intermedio |México

Artículos Relacionados