El sueño de muchos jugadores comienza a materializarse al llegar a las conocidas Gaming Houses. Se trata de un modelo de entrenamiento en el que los jugadores viven, entrenan y pasan la mayor parte de su tiempo junto a su equipo. Dado a que el jugador promedio es muy joven, algunos aún adolescentes, siempre se ha dado por hecho que este el modelo idóneo a seguir para garantizar el mayor desempeño de los mismos. Si bien es cierto que las Gaming Houses facilitan la creación de contenido, la comunicación entre los jugadores y la sinergia, últimamente, muchos han comenzado a cuestionarse su efectividad, creyendo incluso que pueden entorpecer el progreso de los jugadores.

Para entender el dilema  de las Gaming Houses, tenemos empezar considerando la juventud, y por ende, la inmadurez de los jugadores. Para muchos, es la primera vez que dejan su hogar para irse a vivir con completos extraños. No sólo dejan un ambiente familiar, sino que se enfrentan al reto de tener que adaptarse a las costumbres de otras personas. Aquí es cuando entra en juego la comodidad de tener una Gaming House. Muchos no saben manejar el peso de la responsabilidad de vivir sólos, de tener que cuidarse ellos mismos, de vigilar su alimentación y su salud. El no tener que pensar en tantos aspectos que formarían parte natural de la adultez, los jugadores pueden concentrarse en mejorar su desempeño.

Existe también el lado negativo de este modelo. Al vivir en el mismo sitio donde entrenan, los jugadores pierden la división entre el lugar de descanso y el trabajo. Crear una sensación de rutina es mucho más sencillo si tenemos que trasladarse de lugar. Nos ayuda a mentalizarnos para entender nuestro objetivo del día y ser más productivos con nuestro tiempo. No han sido pocos los jugadores que se han sentido sobrecargados por el hecho de vivir en Gaming Houses. Yellowstar fue uno de los primeros en hablar abiertamente del tema. Su cambio hacia una vida fitness ocurrió por dos razones; una por salud y otra para evitar saturarse de su trabajo. Luego de 8 horas entrenando, la tendencia suele ser seguir jugando. Sin embargo, él entendió que era necesario dedicar una parte del día a otras cosas. Cosas que no estén directamente relacionadas a los esports.

Las Gaming Houses pueden tener una influencia devoradora. A finales del año pasado, estaba viendo una entrevista en Facebook Live a Zven. Decidí aprovechar la oportunidad y preguntarle al jugador sobre cómo manejaba el equilibrio entre su vida personal y su vida profesional. La respuesta me dejó perpleja. Entre risas, Zven admitió que realmente los jugadores no tienen vida personal fuera de los esports. En la industria tradicional, las empresas estarían buscando desesperadamente cómo hacer que sus empleados tengan un balance. En los esports, considero que es un tema que se ha normalizado a tal punto que no se cuestiona el hecho de que un jugador pase más de 16 horas jugando. 

A medida que la industria experimente y madure, se podrá determinar la manera más efectiva de manejar el entrenamiento y la vida de  los jugadores. Desde mi perspectiva, creo que se debería manejar como se hace con los deportes tradicionales. Cada jugador debería contar con su propia residencia y un lugar en común en el que practicar en equipo. Finalmente, será el tiempo el que nos permita saber qué es mejor. 

 

 

Sobre El Autor

Escribo sobre videojuegos, esports & streamers. Venezolana♡ viviendo en Barcelona, ES.

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